EL DESARROLLO INDUSTRIAL COLOMBIANO EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

El desarrollo industrial colombiano en la primera mitad del siglo XX no solo fue un proceso tardío en el contexto internacional, sino desigual entre sus regiones. Con base en el censo industrial de 1945, utilizando información por municipio y por sector, el presente documento muestra de forma cuantitativa que tanto el surgimiento de la industria manufacturera como las diferencias regionales en la industrialización están explicados por la acumulación de capital humano muy anterior al auge industrial. El trabajo muestra que la acumulación de capital humano a nivel local y regional dependió del grado de libertad de la población al final del periodo colonial, expresado como el porcentaje de la población libre a nivel municipal. Las regiones en donde la proporción de la población libre fue alta durante este periodo acumularon mayor capital humano y en consecuencia asimilaron los procesos necesarios para que surgiera y se consolidara la industria manufacturera. El artículo discute las hipótesis tradicionales sobre el surgimiento de la industria manufacturera en Colombia que la asocian a las producciones de café y oro, a la geografía, a los mercados potenciales, las políticas arancelarias o a las coyunturas externas como la Gran Depresión y las Guerras Mundiales.

El desarrollo industrial colombiano fue un proceso tardío con relación a la economía mundial y desigual entre sus regiones. Antioquia logró consolidarse como epicentro industrial durante la primera mitad del siglo XX -no solo en la industria tradicional como alimentos y bebidas, sino en la industria moderna como los químicos y la  metalurgia-, mientras que el resto del país quedo rezagado incluso una vez establecido el proceso de industrialización a industrias tradicionales.

Las hipótesis más mencionadas como factores explicativos de este patrón están asociadas con el café y el oro. Autores como Botero (1984); Bejarano (1987); Brew (2000); Montenegro (2002); sostienen que estos incidieron en el desarrollo industrial a través de la acumulación de capital financiero y la ampliación del mercado para los bienes industriales. Sin embargo, otras regiones del país presentaron producción y comercio de café y oro, como el Cauca, Chocó y los Santanderes,  y no por ello lograron estructuras productivas que permitieron el desarrollo industrial.

En el presente documento se explora las precondiciones anteriores al oro, al café, al desarrollo de la economía exportadora, a las políticas proteccionistas y a las coyunturas externas que fueron necesarias para la industrialización moderna en el país. De esta forma a partir de evidencia cuantitativa que proporciona el censo industrial manufacturero de 1945 el trabajo tiene como objetivo determinar las causas de la industrialización regional desigual en Colombia. Específicamente aborda de forma cuantitativa una hipótesis inexplorada en la literatura económica del país y que asocia el desarrollo industrial con la acumulación de capital humano que propiciaron factores como las libertades de los individuos previas al desarrollo industrial. Así aquellas regiones que durante la colonia presentaron mayor proporción de población libre tuvieron en el largo plazo mayor acumulación de capital humano y con ello una mejor preparación al proceso de adaptación a las nuevas tecnologías que demandaba el sector industrial. Adicionalmente prueba econométricamente las hipótesis tradicionales sobre el desarrollo industrial del país, a diferencia de otros estudios que lo abordan de forma teórica o con procedimientos estadísticos descriptivos.

La industria manufacturera moderna nace en el occidente europeo. Aunque con variados niveles de intensidad y desarrollo, este proceso conocido posteriormente como Revolución Industrial tendría un gran impacto en la  actividad económica, en los hogares, la ciencia y la tecnología (Mokyr, 1999). La región del Mar del Norte, especialmente Inglaterra, logra industrializarse más rápido que el resto de Europa. Las razones de este desarrollo y evolución han sido asociadas a las nuevas invenciones que mejoraron la productividad de los factores y con ello el desarrollo de las manufacturas.

Sin embargo, para Mokyr (1999) y Van Zanden (2009) el surgimiento de condiciones necesarias para la aparición de la industria manufacturera hace parte de un proceso que va más allá de la generación de invenciones. De acuerdo a Mokyr (1999) lo que hizo a Inglaterra un territorio excepcional para las manufacturas no fue el desarrollo de nuevos inventos, sino la adaptación de estas nuevas invenciones. Es decir, de alguna forma todas las sociedades tenían acceso a nuevas tecnologías, sin embargo la producción y adaptación de mejores prácticas que afectaron al conjunto de la economía existente fueron las razones del éxito industrial. Van Zanden (2009) también argumenta que  el mayor desarrollo industrial no dependió de las nuevas invenciones tanto como de la acumulación de capital humano previo al despegue industrial, al facilitar el diálogo entre la teoría que generaba las invenciones, y los obreros, encargados de usarlas en la actividad productiva.

Otras son las causas asociadas al desarrollo industrial en Norteamérica. Goldin y Sokolof (1982, 1984) atribuyen la temprana aparición de la industria del norte de los Estados Unidos a las características del mercado laboral. Mediante una modelación teórica plantean que la aparición del sector manufacturero en el norte de los Estados Unidos se debió a los diferenciales en las productividades relativas entre el norte y el sur, relacionadas con la mano de obra femenina e infantil.

Krugman (1991) analiza la economía geográfica haciendo énfasis en por qué las industrias manufactureras tienden a concentrarse geográficamente. El autor argumenta que fenómenos como la senda de dependencia geográfica de Estados Unidos, caracterizada por la localización de la industria manufacturera en lo que se denominó “Manufacturing Belt”, estuvo definidas por tres parámetros: las economías de escala determinadas por los altos costos fijos de introducir un establecimiento manufacturero en lugares con baja potencialidad de mercado; los costos de transporte, en la medida que los costos de transporte fueran bajos para concentrarse geográficamente en los lugares de mayor demanda; y  una significativa participación de la población en actividades diferentes a la agrícola. Por lo tanto “donde las manufacturas presentaran bajas economías de escala y fuertes costos de transporte, no podría darse la concentración geográfica”

Field (1978) estudia las rigideces de la movilidad de factores entre las regiones de Estados Unidos como causal del mayor desarrollo industrial de Massachusetts. El autor afirma que los avances en el desarrollo del transporte interregional disminuyó los costos de transporte aumentando la demanda de la producción agrícola del oeste, y debido a las rigideces de la movilidad del trabajo entre las fronteras internas, se generó un excedente de mano de obra que finalmente permitió el desarrollo de la industria manufacturera en el Noroeste. Sin embargo para Meyer (2003) no fue el alejamiento de la actividad agrícola en el Norte lo que favoreció la industrialización, sino el aprovechamiento de la oportunidad que representó para los agricultores el creciente mercado urbano, lo que permitió la acumulación de capital y la generación de toda una red de instituciones comerciales y bancarias que facilitaron la expansión industrial.

La institución de la esclavitud es uno de los hechos más utilizados para explicar los patrones diferentes de crecimiento económico, pero existen hipótesis encontradas sobre su efecto en el desarrollo industrial. North (1966), Parker (1970), Gallman (1979) y Meyer (2003) coinciden en que la esclavitud es un retardarte de la industrialización (Fleisig, 1976), porque concentra la actividad económica en la agricultura,  genera patrones de distribución del ingreso, demanda y tamaño de la firma (Parker, 1970), que impiden  la acumulación de capital industrial y humano necesarios para el crecimiento de una región. Por otro lado Sokolof y Tchakerian (1997) encuentran que la relación entre el valor agregado de la industria manufacturera y el porcentaje de población esclava es positiva, concluyendo que el rezago en la producción industrial del sur de los Estados Unidos dependió de factores diferentes a la esclavitud.

En el contexto internacional también sobresalen España e Italia. Para España, Roses (2003) combina el marco del modelo Heckser-Ohlin y la economía geográfica, encontrando que las diferencias en los niveles de industrialización regional, se deben a las ventajas comparativas de las regiones y las economías de escala. Específicamente las dotaciones de las regiones (capital, tierras, mano de obra no calificada, mano de obra agrícola etc.) explican un 85% de la varianza de la producción industrial en España.

A’Hearn (1998) intenta mostrar  si los modelos basados en las externalidades determinan la mayor industrialización del norte de Italia, encontrando que las externalidades no dieron a las firmas del norte ventajas sobre las del sur. Fue más bien el poco acceso al mercado de crédito, los altos costos de la energía, la baja densidad de la población, la ausencia de empresarios experimentados y las instituciones sociales, que en ausencia de capitales, bajan los costos de transacción entre grupos, las causas asociadas a este desarrollo industrial desigual.

En conclusión existen múltiples argumentos sobre las diferencias en los niveles de desarrollo industrial. Estas explicaciones no se limitan a las hipótesis clásicas como la institución de la esclavitud o el desarrollo de invenciones, por lo contrario con la utilización de métodos econométricos demuestran que las diferentes sendas de industrialización entre países o regiones están asociados a ventajas comparativas, desarrollos agrícolas, características del mercado laboral y a procesos de largo plazo como mejoras en el desarrollo institucional.
Industrialización Latinoamericana
Surgimiento de la Industrialización en Latinoamérica

El proceso de industrialización en Latinoamérica se ha asociado con coyunturas externas. La crisis del 30, la Segunda Guerra Mundial son, esencialmente, las explicaciones primarias al proceso de industrialización de la región durante el siglo XX.

Las teorías estructuralistas y dependentistas, aunque diferentes, tienen en común la explicación del despegue industrial latinoamericano a partir de la disminución del volumen y precios en el comercio  entre países, es decir,  a través del deterioro de los términos de intercambio (precio) y la subsecuente disminución de los flujos internacionales de comercio que esto ocasionó (volumen) (FitzGerald, 2003). Para estas teorías la industria latinoamericana se vería favorecida por crisis internacionales de tipo político o económico, que encarecían la importación de bienes manufacturados estimulando la producción de las industrias nacionales para el mercado local.

Este proceso fue conocido como industrialización por sustitución de importaciones o “desarrollo hacia adentro”. Sus defensores argumentan que el desarrollo industrial en Latinoamérica experimentado desde 1930, solo fue posible cuando se encaminaron los esfuerzos para remplazar las manufacturas extranjeras por producción nacional ya que solo así podría eliminarse el intercambio desventajoso entre economías avanzadas y subdesarrolladas. Por ello los dos hechos fundamentales que favorecen el desarrollo industrial latinoamericano fueron la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.
Otros autores no explican el desarrollo industrial latinoamericano por restricciones al comercio internacional, por lo contrario afirman que este fue posible gracias al mayor desarrollo exportador, los procesos de acumulación previa de capital, la formación de un mercado de capitales y la mayor integración de los mercados (Haber, 1997).  Por ejemplo Echavarria (1984) sostiene que en el caso colombiano el efecto del deterioro de los términos de intercambio sobre el proceso de industrialización fue marginal comparado con el incremento en la inversión en nuevas tecnologías. Coatsworth y Williamson (2004) afirman que Latinoamérica presentaba altos niveles de protección mucho antes de la Gran Depresión y esto no se debía a políticas para el fomento de la industria, sino a la herencia restrictiva hacia las importaciones de los españoles y a que era la forma más conveniente de obtener recursos fiscales. Es decir, las políticas proteccionistas en Latinoamérica no siempre significaron mayor nivel de industrialización, pues como lo demuestran los autores antes de la Gran Depresión los niveles de aranceles en la región eran significativamente altos y no por ello existió un desarrollo industrial.
El Rezago de la Industrialización en Latinoamérica

Las diferentes sendas de desarrollo entre Latinoamérica y los países desarrollados del norte son abordadas desde varias perspectivas, la geografía y la cultura (Sachs, 2001) (Weber, 1930), la existencia de Estados débiles para fomentar el desarrollo (Adams, 1965), (Grunwald, 1970), hasta hipótesis que relacionan el desarrollo económico de largo plazo a la forma en que las sociedades mantuvieron o eliminaron los niveles de desigualdades políticas y económicas, Haber, (1991), Acemouglo et al (2004)) Mariscal y Sokolof (2000).

La cultura y la geografía son las diferencias más evidentes entre las sociedades del mundo desarrollado y América Latina, razón que podría explicar por qué el desarrollo industrial de los siglos XVIII y XIX no fue asimilado con facilidad por las economías latinoamericanas.

Se ha argumentado que la herencia española formó creencias y valores que impidieron una estructura capitalista indispensable para la industrialización, contrario a la  ética protestante anglosajona que estimuló el trabajo duro, ahorro y acciones económicas favorables al desarrollo (Weber, 1930 en Acemouglo et. al. 2004). Sin embargo Acemouglo et al. (2004) muestra que si bien existe una correlación entre las variables culturales y el desarrollo económico, esta relación es potencialmente endógena a la producción y a otras causas de las diferencias en el ingreso. En la misma línea, Engerman y Sokolof (2000) argumentan que la hipótesis de la herencia nacional es débil porque desconoce la diversidad entre los países que presentaron un mismo dominio colonizador. Es el caso de las colonias Británicas del Caribe que se rezagaron en el proceso de industrialización, o el comportamiento diferente de las colonias españolas del cono sur como Argentina y Chile, que mostraron durante gran parte del siglo XIX y XX mejores resultados económicos comparado con países como México y Perú (Engerman y Sokolof, 2000).

Para Sachs (2001) la geografía permitió que el choque de la industrialización fuera más eficiente en Estados Unidos y Europa. El desarrollo de las zonas del norte frente al atraso del trópico se explica por la facilidad para la difusión de las tecnologías entre este-oeste, la mayor productividad y retornos de las invenciones en áreas templadas, y la mejor posición geoestratégica de Estados Unidos y Europa.

El rezago latinoamericano también ha sido relacionado con la tardanza y debilidad de los gobiernos en el planteamiento de políticas económicas para la formación del desarrollo. Grunwald (1970) sostiene que Latinoamérica fue durante mucho tiempo un territorio al servicio de los intereses políticos y económicos de los grandes terratenientes, razón que la introdujo en el sector manufacturero muy tarde. Adams (1965) expone que mientras el norte se especializaba en el comercio y crecimiento industrial, Latinoamérica fue una proveedora de materias primas, donde todas las instituciones estuvieron dispuestas para defender los intereses de grandes productores agrícolas. El autor, a partir de los conceptos de desarrollo primario y secundario, concluye que en la región estuvo ausente el desarrollo primario industrial, consistente en un proceso de invenciones graduales a partir de ensayos y errores, que facilitaría el crecimiento y permitiría  la entrada al desarrollo secundario industrial, donde las nuevas tecnologías se crean y difunden hacia las regiones que no fueron centro de desarrollo primario. Para que la difusión tecnológica sea exitosa en estas sociedades agrarias se requiere de adaptaciones sociales, como mayores tasas de alfabetismo o la desconcentración del poder político en intereses primarios, que deben ser lideradas por los gobiernos.
Desde la teoría institucional, las diferencias en los niveles de desarrollo de una región o país están asociadas a las restricciones impuestas al comportamiento de los agentes en búsqueda de maximizar el bienestar social (North, 1993). Estas restricciones son originadas en un determinado momento de la organización de la sociedad, una vez definidas fijan las sendas de desarrollo futuro al estructurar los incentivos económicos de los agentes y establecer la asignación de los recursos (Acemouglo et al (2004)). Sokolof-Engerman (1997, 2000) plantean que el desarrollo institucional y económico de largo plazo está relacionado con las dotaciones iníciales. De acuerdo a esto, los diferentes ambientes geográficos en los que se ubicaron los colonizadores europeos, generaron distintos tipos de sociedades y niveles de desigualdad en la riqueza y capital humano, persistiendo en el tiempo y afectando el desarrollo a través de su impacto en las instituciones (Mariscal y Sokolof, 2000).
Latinoamérica y el Sur de los Estados Unidos, que contaban con cultivos a gran escala, mano de obra esclava y políticas restrictivas a la migración, desarrollaron instituciones favorables para las elites pequeñas y no para las condiciones necesarias del desarrollo económico sostenido. En esta misma línea, Acemouglo et al. (2001a) demuestran cómo las instituciones implantadas por los colonizadores hacia 1500, generaron diferentes niveles de desarrollo económico en las sociedades cuando estas se enfrentan al choque de la industrialización. De acuerdo a los autores, el proceso de industrialización requiere de la aparición de nuevas tecnologías y una alta participación de la población en la actividad económica e inventiva. Dado que no siempre las ideas inventivas son monopolio de las élites reducidas y que estas sólo tienen incentivos para garantizar sus derechos, la industrialización se rezagará en las sociedades con instituciones que no garanticen los derechos de propiedad a todos los ciudadanos. Si la estructura de derechos de propiedad solo favorece a una pequeña parte de la población, la tendencia será hacia instituciones inapropiadas para garantizar las igualdades que requiere la industrialización.

Bajo esta perspectiva, no es extraño observar que aquellos países latinoamericanos que tendieron a alejarse de estructuras institucionales extractivas, buscando el desarrollo industrial a partir de la generación de invenciones y adaptación a ellas, presentaron mejores resultados económicos, como  es el caso de Chile y Argentina (Cárdenas et. al 2003).
El surgimiento de la Industria Manufacturera en Colombia
La industria colombiana moderna se caracteriza por un desarrollo tardío, aparece en el siglo XX cuando gran parte de Latinoamérica ya estaba industrializada, concentrándose en la región occidental que toma la hegemonía frente al resto del territorio.
Antecedentes

El sistema de obraje se considera antecedente primario de las manufacturas Latinoamericanas. Dedicado en la mayoría de los casos a los textiles de bajo costo y calidad (Gomez, 2006), logró una importancia significativa en la colonia, sin embargo en Colombia este sistema fue marginal, comparado con países como México y Perú. Como alternativa al poco desarrollo del obraje estuvo la “industria a domicilio” concentrada en la región oriental y en la provincia de Pasto, usando mano de obra femenina y dedicada a la producción de textiles y sombreros con técnicas artesanales. A diferencia del obraje, esta no necesitaba la congregación de la mano de obra en un establecimiento para la producción de las manufacturas, sino que “un empresario compraba el hilo y lo daba de tejer al tejedor, a quien compraba la tela”.

Durante el siglo XIX muy poco análisis existe sobre el desarrollo de la industria manufacturera, sin embargo estudios como Safford (1969); Berry (1983); Kalmanovitz (1983); Fawcett y Posada (1988); Calderon (1990); Montenegro (2002) y Melo (2007); proporcionan información que ayuda a establecer la estructura y evolución de la industria colombiana en este periodo.

La mayoría de los esfuerzos industriales fueron realizados por las elites de las principales ciudades que generalmente habían acumulado capitales provenientes de las actividades agrícolas durante la primera mitad del siglo XIX. Este incipiente y débil despegue fabril se concentró en sectores poco complejos como las bebidas, textiles rústicos, velas, jabones y lozas. En Bogotá, por ejemplo, se establece una fábrica de tejidos en 1836 de algodón y una fábrica de tejidos de lana en 1852 (Montenegro, 2002), sin embargo la competencia con las manufacturas inglesas de mejor calidad y menor precio, el difícil acceso a las materias primas como el algodón y la baja potencialidad de los mercados convirtieron estas experiencias de la primera mitad del siglo XIX en no exitosas (Montenegro, 2002). La ciudad de Barranquilla también presentó intentos de industrialización, que en la mayoría de los casos tuvieron una fuerte participación extranjera de los judíos y sirio-libanes. Durante el siglo XIX esta ciudad atrajo un flujo significativo de inmigrantes extranjeros de acuerdo a Fawcett y Posada (1988) desarrollaron un importante sector comercial apoyado en el conocimiento, contactos y experiencias en las actividades comerciales, situación que progresivamente los llevaría a una influencia decisiva en la ciudad en los campos políticos y económicos.

De acuerdo a Kalmanovitz (1983) la región Antioqueña presentaba el mejor panorama hacia el surgimiento de la industria durante el siglo XIX debido a que la mayor proporción de la población era libre y homogénea, permitiendo con mayor facilidad la aparición de trabajadores asalariados y empresarios capitalistas. Sin embargo en el siglo XIX esta región estuvo concentrada, más que en el desarrollo fabril, en la actividad minera y el comercio de importación conformándose las grandes casas comerciales que a principio de siglo XX se convertirían en fundadores de las principales firmas industriales del siglo XX.

A pesar que los intentos de industrialización en el siglo XIX permitieron el inicio en el país de la utilización de actividades mecanizadas y trabajo asalariado (Kalmanovitz, (2007) y Montenegro (2002)) las experiencias no alcanzaron a convertirse en nada más que simples intentos fallidos salvo contadas excepciones. De acuerdo a Bejarano (1994) el fracaso de las elites locales por desarrollar un sector industrial no solo estuvo asociado a las deficientes políticas estatales sino que hace parte de un conjunto de factores explicativos como la limitación de los sistemas de transporte, la disponibilidad de energía, la ausencia de mercados crediticos y lo que el autor denomina las limitaciones sociales al crecimiento. El autor apoya la idea de que el proceso de industrialización solo fue posible bajo precondiciones en las que gran parte de la responsabilidad está en lo que denomina “las limitaciones sociales al crecimiento” en las que los procesos como la calificación de la mano de obra, esto es capacidad de los trabajadores para recibir instrucciones, seguir procedimientos y administrar procesos, es fundamental.

En el siglo XX además de la finalización de la Guerra de los Mil Días y las medidas políticas, económicas y sociales de Rafael Reyes se desarrolla el boom del café favoreciendo el surgimiento de la industria moderna. De acuerdo a Bejarano (1987), contrario a lo sucedido en el siglo XIX, la mayoría de las industrias montadas en las dos primeras décadas del siglo XX lograron subsistir convirtiéndose, algunas de ellas años después, en la principal empresa del sector: Fabricato, Coltejer, Coltabaco, Postobón; Fosforera de Colombia y Cementos Samper.

El Surgimiento de la Industria Moderna Nacional

En las dos primeras décadas del siglo XX inicia el despegue de  la industria manufacturera, sin embargo es entre 1930 y 1950 cuando florece el crecimiento industrial y se concentra en pocas regiones del país (Chu, 1983; Echavarria, 1984). ¿Qué condiciones favorecieron este crecimiento industrial moderno? ¿Por qué fue más favorable a Antioquia?
Hipótesis del Café
La economía cafetera, de mayor importancia para el occidente colombiano, ha sido la hipótesis más recurrida cuando se analiza el surgimiento de la industria del país. La producción y comercio de café determinó la acumulación de capitales suficientes para que los ricos comerciantes y exportadores de finales de siglo XIX y principios del XX, se convirtieran en prósperos industriales. Adicionalmente, permitió el surgimiento de una clase proletaria industrial que no generó presión en los salarios para el sector manufacturero (Arango, 1981).

El café también favoreció el desarrollo de la economía exportadora y con ello generó efectos de eslabonamientos en la economía. Para Montenegro (2002) es la expansión cafetera y la concepción de esta producción para el mercado externo, lo que permitió la acumulación de capitales, incremento de la capacidad importadora, el fortalecimiento de los ingresos públicos y la ampliación del mercado interno para los bienes industriales. En este último punto coincide con la posición de Brew (2002) quien sostiene que la presencia de dos economías exportadoras sucesivas, el oro y el café, en el occidente colombiano, contribuyeron al desarrollo de la industrialización al propiciar la acumulación del capital el oro; y formando el mercado para los bienes industriales el café; ya que “en la era inmediata al café el mercado de bienes de consumo y de capital, era insuficiente para fomentar el surgimiento de la industria manufacturera local”.

La relación entre el café y los factores de producción también se presentan como determinantes de la industrialización. Para muchos autores la estructura de tenencia de tierra incidió en el mayor desarrollo económico antioqueño frente al Caribe y oriente del país (Urrutia, (1979) y Parson, (1979) citados en Brew (2000)). De acuerdo a esta posición la tenencia de tierras más democrática, que generó la producción parcelaria de café, favoreció la aparición de la industria a través de la demanda local de la clase media rural por bienes industriales. No obstante, esta tesis que pretende explicar el desarrollo de las manufacturas a partir de una estructura parcelaria cafetera más igualitaria, es atacada por Arango (1981) al afirmar que realmente fue la figura del comerciante-usurero, quien con la compra y venta de las cosechas logró asirse de la mayor ganancia, permitiéndole, conjuntamente con los exportadores que mantenían el control de la trilla industrial del café, la acumulación  de capital y la formación de un proletariado industrial.

Otras posiciones consideran que el desarrollo de la economía cafetera no fue beneficioso para el desarrollo industrial de todo el país. Meisel (1987, 1999, 2000, 2008) encuentra que algunas condiciones internas del país, generadas a partir de la concentración del poder político y decisorio en la región andina, terminaron por favorecer a las economías cafeteras en detrimento de las del Caribe. Estas condiciones son: el comercio del café y la consolidación de este como producto clave, la aparición del puerto de Buenaventura que acabaría con la importancia del  puerto de Barranquilla, el uso de tarifas diferenciales en los fletes de transporte en el interior del país para insumos industriales, tamaño de los mercados regionales y la redefinición de las ventajas comparativas de las regiones.
Hipótesis de la Producción y Comercio del Oro
El desarrollo industrial del occidente ha estado asociado con la existencia de una clase social emprendedora, que tuvo la destreza para transformarse de comerciantes y productores de oro en exportadores de café e importadores de bienes manufactureros y, finalmente, en capitalistas industriales (Hagen, 1971 citado en Brew (2000); Botero 1984). Contrario a esta posición Safford (1967) propone que la virtud de esta clase social no estuvo asociada al empuje de los antioqueños, sino a la acumulación de capital proveniente, en la mayoría de los casos, de la producción minera. De acuerdo a Safford “los únicos que tenían recursos grandes y líquidos eran los antioqueños, lo que les permitió dominar todas las actividades económicas” entre ellas la industria manufacturera del siglo XX.

La producción y comercio del oro sería el agente facilitador de la actividad económica Antioqueña, permitiendo a partir de la segunda mitad del siglo XIX la acumulación de capitales, el intercambio comercial, tecnificación de la actividad minera, el desarrollo de la actividad crediticia y con ello las condiciones necesarias para el surgimiento de la industria manufacturera a principios del siglo XX.

Lo primero que generó el oro fue la disponibilidad de medio circulante para el intercambio. La capital de Antioquia se convirtió en centro de llegada de metales y tránsito hacia el exterior, así como centro de distribución de mercancías importadas (Botero, 2007). El intercambio de estas mercancías  es facilitado gracias a la disponibilidad de medio de pago proveniente de una actividad minera más independiente en comparación con otras zonas auríferas del país como el Cauca. De acuerdo a Brew (2000) la actividad minera en Antioquia empieza a ser más democrática desde el siglo XVIII al disminuir el número de esclavos, contribuyendo a la introducción de la población en actividades económicas, la movilidad social y a la buena disposición al trabajo de la población libre durante todo el siglo XIX.

Los  grandes capitales provenientes del oro también generaron una clase bancaria. De acuerdo a Botero (2007) los billetes de los bancos circularon por toda Antioquia estimulando el comercio. Adicionalmente la actividad bancaria no se concentró solamente en Medellín, sino que estuvo presente en municipios como Rionegro y Sopetran, mientras que el resto del país carecía de un sistema crediticio (Meisel, 2000) que limitaba la formación de capitales y capacidad empresarial. 

El oro, por tanto, permitiría una economía dinámica, con acceso al crédito y la futura fundación de empresas comerciales y manufactureras, más que características asociadas a aspectos culturales y el desarrollo cafetero, que no solo fue posterior al desarrollo minero, sino que requirió del desarrollo de una economía monetaria previa para acumular los capitales suficientes que requería la inversión cafetera y el posterior desarrollo industrial.
Hipótesis de la Sustitución de Importaciones
Similar al resto de Latinoamérica, tiende a asociarse el despegue industrial moderno colombiano a las coyunturas externas, específicamente a la protección natural que trajeron la Gran Depresión y La Segunda Guerra Mundial.

Para algunos autores como Chu (1983) la estructura industrial difirió antes y después de 1929 como consecuencia del cambio en los precios relativos que generó la Gran Depresión. La crisis externa que este fenómeno significó hizo que el precio de las importaciones industriales aumentara relativo al precio de las exportaciones, deteriorando los términos de intercambio. Estos cambios en los precios relativos dieron a la industria doméstica un sustancial incentivo para expandirse, a través de la sustitución de importaciones.

Adicionalmente la disminución de los ingresos que ocasionó el deterioro de los precios de los bienes exportables como el café y las restricciones a los flujos de crédito externo experimentados en el país durante la gran crisis, motivó instrumentos de política económica para la obtención de recursos fiscales como la reforma arancelaria de 1931.  Este tipo de medidas incrementó los niveles de protección hacia la industria nacional generando estímulos significativos a la producción nacional de bienes como los textiles, cerveza y cigarrillos.

Para Ocampo y Tovar (2003, en Cárdenas et al (2003)) la dinámica del proceso de industrialización se basó en la sustitución de importaciones dependiendo de la disponibilidad de divisas. En los periodos de escasez de divisas como la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial el estrangulamiento externo de 1956-1967, se hace importante el proceso de sustitución de importaciones para el desarrollo industrial. Por lo contrario en los momentos de abundancia de divisas como la recuperación posterior a la crisis del 29, la bonanza cafetera de la postguerra y en la época dorada de 1967-1973, el factor que impulsa el desarrollo industrial no será la sustitución de importaciones sino  la demanda interna.

Las coyunturas externas fueron un determinante esencial en el despegue industrial colombiano, en tanto que los procesos de escasez o abundancia que ocasionaron generaron medidas de política económica como aranceles proteccionistas o restricciones cuantitativas a las importaciones que estimularon la sustitución de bienes importados por nacionales.

Deficiencia de las Hipótesis
¿Qué precondiciones antes del oro, el café, el desarrollo de la economía exportadora, las políticas proteccionistas y las coyunturas externas fueron necesarias para la industrialización moderna en el país?

Si bien el oro y el café fueron productos con auge en Antioquia, su producción también estuvo presente en regiones del país donde no floreció la industria manufacturera, incluso hasta muy entrado el siglo XX. En el siglo XIX Choco y Cauca eran productores auríferos al igual que Antioquia, sin embargo solo los comerciantes antioqueños de oro fueron lo suficientemente ágiles para concentrar la actividad comercial y los beneficios generados por este producto en la ciudad de Medellín.

Para Montenegro (2002) hasta que no se concibe la producción de un bien nacional para el mercado externo, como ocurre con el café, no se da el tránsito hacia la modernidad de la industria manufacturera, debido a que las exportaciones de café permiten la acumulación de capitales, incremento de la capacidad importadora, fortalecimiento de los ingresos públicos y la ampliación del mercado interno para bienes industriales, sin embargo el oro fue un producto para el mercado externo hasta el siglo XIX, también fomentó la acumulación de capitales y no por ello permitió el temprano despegue industrial en todas las regiones donde estuvo presente su producción.

La sola presencia de un producto clave en una región no fue suficiente para el desarrollo industrial. El café también se desarrolló en el oriente del país con las grandes haciendas cafeteras de los Santanderes y Cundinamarca, a pesar de esto no desarrolló las estructuras económicas y políticas necesarias para trasladar los beneficios de la actividad al desarrollo de la industria fabril. Algunos autores afirman que la estructura de tenencia de la tierra más igualitaria desarrollada en Antioquía benefició la producción parcelaria de café (Urrutia, 1979; Parson, (1979)) y con ello el desarrollo de un mercado para los bienes industriales, mientras que los sistemas de arrendamiento y aparcería en los cultivos cafeteros del oriente no lo permitieron, ¿Por qué fueron posibles estructuras más igualitarias de producción en algunas regiones y en otras no? Más que explicar el desarrollo de la industria manufacturera a partir de la estructura igualitaria de producción del oro, café o de cualquier otro bien, es importante cuestionarse por qué estas estructuras fueron favorables a ciertas regiones teniendo repercusiones en el desarrollo económico de largo plazo.

La hipótesis de que el desarrollo industrial colombiano solo fue posible con las coyunturas externas que propiciaron el proceso de sustitución de importaciones también ha sido revaluada (Haber, 1997; Echavarria (1984); Kalmanovitz (2007)). Para Echavarria (1984) el deterioro de los términos de intercambio durante las crisis externas de la primera mitad del siglo XX no fueron lo suficientemente fuerte para desencadenar el proceso de industrialización como lo asegura Chu (1983) y mucho menos para concentrarlo en la región occidental del país. Para Echavarria (1984) la sustitución de importaciones es un argumento exagerado para explicar el desarrollo industrial colombiano durante el siglo XX, pues las verdaderas causas de la industrialización se debieron a factores de oferta como la inversión y los cambios tecnológicos y no exclusivamente por factores de demanda como los aranceles. De hecho de acuerdo al autor sí existieron cambios en la demanda, pero estas variaciones se debieron más al crecimiento del ingreso que a variaciones  en los precios relativos. Con relación a los aranceles proteccionistas y su influencia en la industrialización Echavarría (1999) sostiene que si bien durante la década de los 30’s se experimentaron niveles de protección arancelarios altos no es adecuado concluir que este fue el factor decisivo en los mayores niveles de industrialización en todos los sectores. Por ejemplo el sector textil tenía niveles de protección arancelaría mucho más altos durante las dos primeras décadas del siglo XX que a partir de los 30’s.

Kalmanovitz (2007) también sostiene que el desarrollo de la industria venía antes de las grandes crisis mundiales que estimularon la sustitución ya que fue necesaria una base industrial previa para que una vez llegado el momento de sustituir, existiera la capacidad de producción, de lo contrario las coyunturas externas hubieran sido irrelevantes.

La mejor posición geográfica tampoco supone explicación completa del despegue o asentamiento de la industria colombiana. La región occidental presenta una topografía montañosa, mientras que el pacífico colombiano o la región Caribe goza de cercanía al mar y con ello facilidad para la importación de insumos, maquinaria y equipos. Estas diferencias serían relevantes sobretodo en la época del despegue industrial cuando los sistemas de transporte hacia el interior del país eran deficientes y el tránsito de estas maquinarias hacia Medellín o Bogotá “parece haber sido el causante del agotamiento del capital o el interés de muchos inversionistas” (Montenegro, 2002 p. 28), sin embargo, aunque inicialmente la actividad portuaria de Barranquilla facilitó el surgimiento de establecimientos manufactureros, es en Medellín y Bogotá donde se desarrolla significativamente la industria fabril durante las primeras décadas del siglo XX y logra consolidarse a futuro.

De acuerdo a Van Zanden (2009),  Acemouglo et al. (2001a) y Engerman y Sokolof (1997) la industrialización necesitó nuevas tecnologías y amplia participación de la población en la invención y adaptación a ellas en todos los lugares donde se desarrolló. En Europa por ejemplo se requirió aprendices alfabetos, con habilidades de entrenamiento en lectura y cálculo, y para ello era importante el número de hombres y mujeres capaces de leer y escribir (Van Zanden, 2009) así como un marco institucional que lo permitiera. Fueron por tanto de gran importancia los niveles de acumulación de capital humano previos a la revolución industrial los que prepararon a la región para el rápido crecimiento de los siglos XVIII y XIX.

De igual forma puede verse como las precondiciones para el desarrollo industrial colombiano fueron de mayor importancia e involucraron aspectos más allá de la coyuntura del siglo XX. El desarrollo industrial colombiano también estuvo asociado con la acumulación del capital humano necesario para adaptar los requerimientos en innovaciones que demandó el desarrollo del nuevo sector. El occidente colombiano logró mayores niveles de industrialización en el siglo XX y mejores niveles de cobertura y acceso a la educación, a pesar de afrontar conflictos civiles durante el siglo XIX, de encontrarse en una geografía montañosa poco apropiada para el desarrollo de importaciones y de poseer una tendencia conservadora.

La importancia de la geografía, la cultura, el café, el oro, los conflictos civiles del siglo XIX, el aumento de la economía exportadora, la sustitución de importaciones, entre otros factores no explican por sí solo las deficiencias en acumulación de capital humano y su consecuente efecto en el crecimiento económico de largo plazo en el país. La desigualdad de la riqueza, capital humano y poder político tuvieron influencias en la conformación de las instituciones y estas a su vez incidieron hacia sendas de crecimientos diferentes (Mariscal y Sokolof, 2000).

Industrialización y Acumulación de Capital Humano
La evidencia internacional muestra una estrecha relación entre el crecimiento económico moderno y la acumulación de capital humano. Los países que presentaron baja acumulación de capital humano como los latinoamericanos, China, India e Indonesia, fueron incapaces de incorporarse, tempranamente, a los procesos de industrialización que transformaron la economía mundial, mientras que aquellos que desarrollaron altas tasas de alfabetismo como Inglaterra y los Países Bajos se industrializaron en etapas más tempranas (Van Zanden, 2009).

Para Van Zanden (2009) la Revolución Industrial en Europa encuentra apoyo en los niveles de acumulación de capital humano anteriores al siglo XVIII. De acuerdo al autor el éxito de la mayor relación que surge entre obreros artesanos y académicos en el oeste del continente se logró por los mayores niveles de alfabetismo acumulados. Esta acumulación previa de capital humano permitió la aplicación y adaptación de nuevos conocimientos a los procesos de producción industrial, configurándose el desarrollo de un conocimiento “útil” que aceleró el crecimiento económico moderno (Mokyr, 1999).

Durante el desarrollo industrial de las economías avanzadas en los siglos XVIII y XIX, Latinoamérica no contaban con un stock aceptable de individuos instruidos que permitiera la creación y adaptación de nuevas tecnologías, por lo que su ingreso al desarrollo industrial se retrasa hasta finales del siglo XIX y principios del XX cuando recibe invenciones desde el mundo desarrollado. Este flujo de nuevas tecnologías es introducido a Colombia y otros países donde los niveles de instrucción de la población necesarios para adaptarlas eran insuficientes y alejados, no solo de los países industrializados como Estados Unidos, Canadá, sino de países como Argentina y Chile.

Latinoamérica, en general, fue incapaz de acumular niveles educativos comparables a los de Estados Unidos, Canadá y Europa hasta muy entrado el siglo XX. De acuerdo a Mariscal y Sokolof (2000) a finales del siglo XIX, mientras el porcentaje de niños de 5 a 19 años en la escuelas de la América anglosajona era de 60%, el mejor país latinoamericano era Argentina con un 21%, aunque esto no lo excluía del patrón común en la región hacia la concentración de la población alfabeta en los centros urbanos, incrementándose en gran proporción las desigualdades dentro de los países.

Las sociedades rezagadas tuvieron en común instituciones educativas ineficientes que no permitieron el despegue industrial de forma simultánea a países como Estados Unidos e Inglaterra. Adicionalmente una vez empieza el despegue industrial a finales del siglo XIX y principios del XX estas instituciones deficientes dificultaron la posibilidad de un desarrollo homogéneo, haciendo que los beneficios de la industrialización fueran aprovechados por algunos países y por otros no.

¿Por qué las sociedades latinoamericanas desarrollan instituciones educativas ineficientes para la industrialización? La formación del capital humano requirió de igualdades sociales, políticas y económicas que lo posibilitaran, entre ellas, la democratización de las provisiones educativas. En su ausencia, los procesos de tecnificación, aumentos en la productividad y en la producción, tenderían a fracasar. ¿Qué factores permitieron mayores niveles de igualdades sociales, políticas y económicas?  La evidencia de Estados Unidos indica que en el momento en que las sociedades empezaron a ser más homogéneas y las élites políticas fueron similares al resto de la población estas sociedades fueron más igualitarias (Engerman y Sokolof, 1997), mientras que las élites que concentraron el poder político y tenían intereses diferentes al resto de la población fomentaron las desigualdades.

En el sur de Estados Unidos y Latinoamérica, donde incluso tiempo después de los procesos de independencia, gran parte de la población era esclava o estaba involucrada en relaciones serviles, se desarrollan estructuras sociales desiguales. En estas sociedades la mayor parte de la población carecía de autonomía para incorporarse en actividades que estuvieran por fuera de los intereses de las elites, y las decisiones sobre niveles de educación, la incorporación a las actividades del mercado o actividades políticas,  no eran de libre acceso a la mayoría de la población, debido a que generaban la posibilidad de movilidad social que en ultimas podían amenazar la estabilidad de las elites poderosas; se generaron bloqueos a todo aquello que representaba progreso por temor a la pérdida del poder político  (Acemouglo y Robinson, 2002). De existir mayor población capaz de tomar decisiones económicas y políticas con autonomía y guiadas por una elite abierta que no teme la pérdida del poder político, las oportunidades que representan los procesos de progreso hubieran surgido para toda la población.

La acumulación de capital humano no era fácil cuando las estructuras políticas de la sociedad lo impedían directa o indirectamente. En contraste las instituciones eficientes estimularían el desarrollo económico a través de las decisiones que representaran mayor igualdad, como sistemas educativos democráticos que tendrían efectos en el desarrollo de largo plazo.

Capital Humano e Industrialización en Colombia
Este segmento analizará los cambios en la localización y concentración de la industria nacional y su asociación con el desarrollo de instituciones eficientes. Se muestra que paralelo al desarrollo industrial colombiano durante el siglo XX, los patrones de localización y especialización regional de la industria se relacionaron con el mayor porcentaje de personal ocupado y concentración de la industria moderna en las regiones donde existieron condiciones para la formación de sistemas educativos más democráticos.

¿Donde se localizó la industria?
Los diferentes grados de desarrollo industrial regional logrados a mediados del siglo XX en Colombia tienen origen en las desigualdades políticas y económicas formadas antes de este siglo y perpetuadas a través de las provisiones educativas de la población. Por ello las regiones que desarrollaron una baja acumulación de capital humano en el país, no lograron adaptarse a los procesos necesarios para que surgiera y se consolidara la industria nacional.

La industrialización requirió de la aparición de ideas innovadoras y de una elite política y económica que las permitiera (Acemouglo et al, 2001a y Acemouglo y Robinson, 2004). En Colombia estas innovaciones, al igual que el resto de Latinoamérica, fueron importadas por lo que el desarrollo industrial más que depender de invención de nuevas tecnologías dependería del ajuste a estas. Para ello era necesario una acumulación de capital humano previo que permitiera un uso productivo por parte de los individuos a las nuevas tecnologías (Engerman y Sokolof, 2000). De hecho los principales intentos de introducción de tecnologías hacia la producción fueron iniciados por aquellos sectores de la sociedad con niveles de capital humano superiores al resto de la población, generando procesos de aplicación y difusión de los conocimientos como el montaje de laboratorios químicos, fundición de metales, textiles y bebidas (Mayor, 1984). Estos procesos de difusión del conocimiento inician con estrategias como la creación de la Escuela Nacional de Minas en Medellín en 1880, a cargo de personajes distinguidos de la sociedad Antioqueña, con altos niveles de capital humano y que pretendieron “proporcionar una formación técnica eminentemente práctica”, como resultado de estos esfuerzos del total de personal directivo en los establecimientos manufactureros en 1946 el 28% eran egresados de la escuela Nacional de Minas (Mayor, 1984).

Sin embargo esta experiencia no fue homogénea en todo el país. Para Ramirez y Salazar (2007) la educación era deficiente antes y durante la época del despegue industrial. De acuerdo a las autoras en el siglo XIX la educación estaba rezagada incluso con relación a países latinoamericanos debido a desigualdad de los ingresos, pobreza, las Guerras civiles, la geografía, y la estrecha relación del Estado con la iglesia. Galor et al (2009) argumentan que una sociedad donde priman la concentración de la tierra y los intereses de élites agrícolas, tiende a tener ritmos de acumulación de capital humano que impiden la movilidad de la mano de obra rural, situación desfavorable para el desarrollo de la industria manufacturera que requiere mano de obra educada. Este fue el caso de Colombia hasta bien entrado el siglo XX donde la mayoría del territorio estaba dedicado a sistemas agrícolas y la propiedad de la tierra se concentrada en grandes haciendas como las cafeteras del oriente, o las ganaderas de la Región Caribe, Sur del Tolima, Huila y Casanare (Bejarano, 1987) bloqueando la acumulación de capital humano de la mayoría de la población y el desarrollo del crecimiento moderno (Galor et al, 2009).

Sin embargo esta situación no fue homogénea en todo el país. Antioquia logró mejores estructuras sociales y productivas como los mayores niveles de educación e industrialización durante el siglo XX, incluso cuando también afrontó conflictos civiles en el siglo XIX, se encuentra en una zona geográfica montañosa y una tendencia conservadora con alta participación de la iglesia católica en su sociedad.

Paralelo a la consolidación de Antioquia y Cundinamarca, así como a la evolución de Risaralda, Caldas y Valle, está la pérdida de participación en el empleo industrial de Atlántico, Bolívar, Santander y Tolima.

Por su posición geográfica estratégica y sus condiciones de principales puertos comerciales del país Cartagena y Barranquilla desarrollaron una economía activa que les permitió la acumulación de grandes capitales industriales. Ejemplo de ello es la fundación de las más importantes fábricas textiles, químicos y de alimentos en los inicios de siglo; Tejidos Obregón en Barranquilla que en 1916 era la principal empresa textil del país (Montenegro, 2002), The Colombian Sugar Company que en su proceso de producción involucraba 5000 obreros y la fábrica de extractos tánicos en Cartagena con 500 empleados.

Sin embargo, en 1945 la pérdida de dinamismo industrial de estas ciudades ya era evidente. Atlántico pasó de un 11.2% de participación en el empleo industrial en 1916 a un 10.6% y 8.2% en 1945 y 1970 respectivamente. Esto fue más dramático en Bolívar pasando de 11.8% en participación del empleo industrial nacional a un 2.8% en 1945 y 1.9% en 1970.

Contrario al desarrollo educativo de los departamentos de occidente, está el atraso en los niveles de educación de Atlántico y Bolívar desde principio de siglo, mientras que por ejemplo en 1912 en Atlántico y Bolívar tan solo el 16.9% y 10.8% de su población sabía leer, el departamento de Antioquia los triplicaba en participación educativa (34.6%). Esta tendencia de atraso en los niveles de capital humano persistió durante la primera mitad del siglo XX, periodo que correspondió con el despegue de la industria moderna colombiana.

El rezago educativo resultaría costoso en el desarrollo de largo plazo. De acuerdo a Adams (1965) los incipientes industriales latinoamericanos de principio de siglo, les resultó dispendioso los procesos de ensayo, prueba y error evitándolos ya sea por medio de un ajuste violento de la sociedad, a través de una “educación instantánea”, o la selección de innovaciones menos complejas. Por lo tanto si la acelerada e “instantánea  educación” fuera menos necesaria para alguna región, los costos de la industrialización tardía serían menores en esta y con ello no solo se evitaría la selección de fáciles innovaciones, sino que se implementarían tecnologías más complejas y productivas obteniendo finalmente mayores niveles de industrialización tal como ocurrió en el occidente del país y en Bogotá.

Concentración Geográfica
¿Cómo fue la “calidad” de esta localización industrial? Los patrones de localización de la industria moderna y tradicional también fueron afines a los de alfabetismo. A lo largo del periodo analizado, la tendencia fue a una mayor especialización de la región occidental en la industria Moderna y una distribución relativamente alta de la industria tradicional.

La industria moderna, está asociada con etapas avanzadas del desarrollo industrial, mientras que la industria tradicional está relacionada con etapas iníciales. La industria moderna requiere de niveles complejos de tecnologías y con ello mayor demanda por habilidades y procesos de aprendizajes que permitan ajustar los cambios, por ello las etapas tempranas de la industrialización van a estar relacionado con los sectores donde la tecnología puede ser “pensada con facilidad sin necesidad de una gran base educacional” (Adams, 1965 p. 4).

La industria colombiana no escapó a este patrón. En 1916 el 48.4% de los establecimientos industriales correspondían a Alimentos (17.5%), Bebidas (11.9%) Tabaco (4%) y Textiles (15.1%), con el 56.2% del empleo industrial total concentrado en las principales ciudades capitales. Este desarrollo incipiente supone la operación de maquinarias, recibir instrucciones y adaptarlas a los procesos transformación, en los que el desarrollo de habilidades como saber leer y escribir son necesarias para aumentar los niveles de productividad, pero no con el nivel de exigencia que requiere el desarrollo de procesos en la industria moderna.

Con el desarrollo de la industria moderna el dialogo entre la academia y el sector real es más estrecho. De acuerdo a Adams (1965) las tecnologías más complejas, demandadas por las industrias modernas, no se pueden difundir si no existen bases que soporten esta expansión, por lo tanto aquellas regiones que desarrollen procesos de acumulación previas de capital humano, serán más propicias no solo para la aparición temprana de la industrialización, sino para el surgimiento de sectores modernos como las manufacturas de metal, maquinarias, química y farmacéuticos, entre otros.

En 1945 la industria tradicional se encontraba más dispersa en el país que en 1916, especialmente en ciudades medianas y pequeñas como Tunja, Ibagué y Bucaramanga. Para entonces Bogotá, Cali y Medellín se iniciaban como líderes dentro de la industria moderna. Es decir, mientras que a mediados de siglo la mayoría de las regiones colombianas se encontraban despertando hacia la industria tradicional, la región occidental y Bogotá no solo eran más industrializadas, sino que eran pioneras en industrias más complejas.

Para determinar de manera más precisa la evolución geográfica del sector manufacturero por tipo de industria se ha utilizado en diferentes estudios el coeficiente Hoover de concentración industrial (Kim, (1995), Roses (2003)). El coeficiente Hoover (Hoover, 1936) indica sí, dado un conjunto de industrias i y un conjunto de unidades geográficas j, la industria i se encuentra concentrada o no. Esto puede identificarse a partir de una escala de valor que va desde 0 hasta 1 entre más se acerque a 1 indica que la industria se encuentra concentrada en pocas regiones y viceversa.

El coeficiente Hoover para Colombia muestra una desconcentración de la industria a lo largo del siglo XX el promedio del coeficiente Hoover desciende de 0.7 en 1916 a 0.47 en 1945 y 0.43 en 1970.

La mayor concentración regional de la industria a principios de siglo es consistente con el surgimiento de la industrialización colombiana en los centros urbanos como Bogotá, Barranquilla, Cartagena y Medellín que a su vez presentaban el mayor porcentaje de población educada. De los 130 establecimientos industriales registrados en el informe del ministro del tesoro en 1916 el 80% se encontraba en estas 4 ciudades capitales.

En 1945 ya hay presencia de industrias básicas en algunas regiones donde la principal fuente de abastecimiento de bienes industriales a principio de siglo era el comercio de importación o la producción nacional de regiones industriales como Antioquia o Cundinamarca. De acuerdo al censo industrial de 1945, la participación en el empleo de las industrias tradicionales como alimentos era en Magdalena (0.9%), Cordoba (2.2%), Risaralda (2.2%) y Tolima (5.8%); o Bebidas en Boyacá (12%), Magdalena (3.8%), Risaralda (3.7%) y Tolima (6%).

No obstante la desconcentración de las industrias tradicionales, el coeficiente Hoover muestra una continua concentración geográfica de sectores como los combustibles minerales, tabaco, papel y textiles. En 1945 Antioquia tenía el 54.3% del empleo textil colombiano y el 56.8% en 1970; Valle el 33.2% del empleo en el sector papel en 1945 y 46.4% en 1970, Bogotá el 25.4% del empleo en química farmacéutica en 1945 y  el 48% del sector de maquinarias en 1970. Es decir, la mayoría de la industria Moderna estaba concentrada en los principales centros industriales del país, mientras que los sectores básicos mostraban mayor dispersión.

La industria moderna, en relación con la industria tradicional requiere de procesos más tecnificados y personal calificado, por eso con la consolidación de la industrialización sectores como Química y Farmacéuticos, Metalurgia, Maquinaria Eléctrica, Químicos industriales, Maquinarias y Manufacturas de Metal, tienden a concentrarse en las regiones con mayor capital humano como Antioquia, Bogotá y Valle, mientras que la industria tradicional se ubica en ciudades rezagadas donde los niveles de alfabetismo fueron mínimos.

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