AGUAYTÍA - UCAYALI (PERÚ)



Aguaytía, capital de la provincia del Padre Abad, en la región Ucayali, es un pueblo situado entre dos grandes ciudades como lo son Tingo María (Huanuco) y Pucallpa (Ucayali), pueblo de paso le dicen algunos, sin embargo en este pequeño paraíso sacado de los cuentos de la selva, se encuentra una de las cataratas más bellas de nuestro país; el Velo de la Novia.

Su ubicación es estratégica, a tres horas de Tingo María, para llegar a este lugar se puede tomar auto que cobra veinte soles por persona o si desea se puede ir en bus a solo diez soles, pero se perderá la maravilla de los paisajes, ya que estos parten por la noche.

La carretera esta en perfecto estado, empero hay ciertos tramos en las que deja mucho que desear. El viaje es maravilloso, se puede observar bosques verdeando por doquier en esta indómita selva. A una hora estamos en la Divisoria, límite entre las regiones Huanuco y Ucayali, pasando este pueblo, el calor empieza a sentirse con más fuerza, estamos a puertas de la amazonía peruana. En un letrero, esos que se ven a lo largo de la autopista, se lee el Boquerón del Padre Abad; un esplendido paisaje resalta a la vista, caídas de agua y murallas de piedra que se erigen a lo alto. El auto pasa rápidamente, la emoción brotaba en mi transformado en sudor, no es para menos, el calor era fuerte. Pasamos por un gran túnel, cuando el chofer manifiesta, a la vueltita esta el Velo…no pregunte nada más. Aguaytía es un pueblo pequeño que años atrás sufrió duros golpes por el narcotráfico y el terrorismo, hoy en día las cosas han cambiado, es un lugar apacible con gente amable y sobre todo con un rico potencial turístico por explotar.

Aún no existen agencias de viaje ni una oficina de información turística, sin embargo las autoridades municipales tienen previsto un gran proyecto para el desarrollo turístico. Mientras tanto cualquier dato así como un pequeño guiado lo puede solicitar en la Municipalidad y gentilmente le brindaran apoyo. Como todo viajero recorrí las principales calles, existen tiendas de ropa, grandes bodegas y cómodos restaurantes, también hay cabinas de Internet a dos soles la hora. El hospedaje donde me aloje es uno de los pioneros en el pueblo, Hostal Harrys, un lugar apacible y con muy buenas tarifas, veinte soles por una habitación con ventilador y cable, lo necesario para poder descansar tranquilo. En la pequeña plaza de armas destaca una pileta simulando a la bella catarata del Velo de la Novia, es aquí donde los pobladores suelen descansar o simplemente ver pasar a sus paisanos de un lugar a otro, a un costado se ubica el Mercado Modelo, donde puede encontrar carne de pescado fresco, el Dorado, es el más consumido. El calor, hace que en todo momento beba agua o los populares refrescos de aguaje y cocona, a cincuenta céntimos el vaso. La movilidad principal son los mototaxis, que circulan por todo el pueblo y cobran también medio sol. Esta zona de la selva es una de las más lluviosas del planeta, y no se asombre si es que mientras llueva el sol siga calentando.

Las coordinaciones ya estaban establecidas, el Ing. Luis Torres del Castillo sería mi guía por esta vez. Así emprendimos viaje rumbo al Boquerón del Padre Abad, mientras el aire me rozaba en el rostro quedaba impresionado por la belleza del lugar. A unos cuarenta minutos del pueblo se encuentra el Boquerón, ahora había que caminar unos metros hacia la catarata. Un puente en buen estado, nos da la bienvenida, cuando de pronto suavemente se escucha la caída del agua, observo emocionado el Velo de la Novia. Por esta época en que no llueve mucho, la caída del agua es relativamente baja, sin embargo el espectáculo esta asegurado. Al final de la caída se forma una poza de unos 2 a 3 m. de profundidad, lugar perfecto para los domingos de sana diversión. Continuamos nuestro viaje hacia otra catarata esta vez la de Santa Carmen, empero el camino es muy accidentado y decidimos regresar, compramos galletas y frutas para el camino, una mujer nos comenta que por esa zona hay más cataratas pero hay que ir bien equipado y con alguien que conozca. El acceso a estos lugares es sencillo, existen más atractivos por la zona, pero la falta de señalización así como de promoción nos limita a conocerlos. El río Aguaytía que cruza el pueblo, sirve como canal para las decenas de embarcaciones que llegan, cargadas de plátanos y comestibles. El Bellaco, una especie de plátano grande, es el que más consume la gente, puede conseguir muchos de ellos a precios realmente bajos. Por las noches, mientras la lluvia cae, se puede observar desde el malecón, la tranquilidad del río. Existen pequeños bares y pubs donde tomar unas cervecitas en buena compañía. La belleza de las aguaytianas lo cautivará desde el principio. Hay comunidades indígenas río adentro pero se necesita establecer contacto con unos de los jefes de la comunidad para llegar a ellos. El mirador es un buen lugar por visitar, se puede observar todo el pueblo, y deleitarse con el paisaje. La llegada de más turistas puede convertir en un buen destino turístico de aventura a Aguaytía. Los días pasaron muy rápido, sentado en una vereda a la espera del bus que viene de Pucallpa, me alisto para partir, sin duda alguna puedo asegurar que todo aquel que llegue a este lugar no dudara en quedarse y descubrir los encantos de la naturaleza así como de sus bellas mujeres.







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