EL MACIZO COLOMBIANO: EXPEDICIÓN A LA CUNA DEL RÍO MAGDALENA

El Macizo Colombiano
por ANDRÉS HURTADO GARCÍA
Todavía no había cumplido cuatro años cuando me fui de casa persiguiendo el nacimiento de un río. Mi aventura terminó en salvamento. Desde entonces he remontado ríos en todos los continentes hasta encontrar su origen. Es una pasión que llamó genesial. Ahora regresé al Páramo de las Papas a mirar al río Magdalena en pañales.
Nos invitó la Fundación Kafka de San Agustín, Huila. Mi primer intento, hace muchos años, por llegar a la cuna de nuestro gran río terminó en fracaso. Entré por el Cauca y un campesino me decía: "siga derecho todo el tiempo, doctor, y cuando llegue arriba a un árbol que ya no está, voltee a la izquierda". Nunca llegué y tampoco vi al árbol que ya no estaba. De San Agustín viajamos en jeep hasta Quinchada, caserío metido en los pliegues de la cordillera.
Son dos horas por pésima carretera y hermosos paisajes campestres. En Quinchada, Carlos Guerra y Arnulfo Males, nuestros guías, nos tenían preparadas las bestias. Los pesados morrales irían en mulas y Wilfredo Garzón, Jorge Pachón y yo "echaríamos infantería", como se dice familiarmente.
La montaña recibe al caminante con una subida "bestial", a la que sigue un descenso igualmente bárbaro, que lleva a Barandillas. Se trata de un puente de madera, tradicional, con techo, bajo el cual corre nuestro Magdalena todavía muy niño. Puentes de estos, tan hermosos, encontramos varios en el camino.
Los potreros son pocos. Los campesinos han acogido el programa de familias Guardabosques y cuentan con emoción que han regresado las dantas, que ya se ven venados, que hay muchas águilas. Da gusto oírlos. Las seis horas . de la primera jornada y la mitad de la segunda hasta el páramo son una sucesión de bosques de cordillera, densos, verdes, frescos, casi como de primer día del Génesis.
Destacan por su diseño y hermosura los helechos arborescentes, plantas que son prácticamente fósiles vivientes. La primera etapa culmina en la posada de San Antonio. El trato sencillo y cordial de los campesinos es reconfortante.
Por los caminos de la historia Por este camino real transitaron indios, conquistadores y soldados de la independencia, que llevaban el mismo. propósito: pasar del Valle del Magdalena al Valle del río Cauca, atravesando toda la Cordillera Central en el amasijo de montañas que dan origen a la Cordillera Oriental. Fray Juan de Santa Gertrudis, famoso viajero del siglo XVIII, dejó constancia de su paso por este camino en su delicioso libro `Las maravillas de la naturaleza'.
La segunda jornada nos hunde más en la montaña; han desaparecido los potreros. A Wilfredo, que iba adelante, se le atravesó una soberbia culebra verde, con pintas blancas. Se trata de la boa canina. Las orquídeas son abundantes y estaban florecidas. El camino era una fiesta. Al llegar al Páramo tomamos el "camino de arriba" que nos llevó a la laguna de Santiago, escondida en un hueco gigante entre picos de 3.600 metros de altura.
Desde allí admiramos el Valle de las Papas, donde duerme su sueño apacible la laguna de la Magdalena. Descendimos hacia el departamento del Cauca para llegar a la posada de La Oyola. Allí se encuentra la cabaña de los guardaparques. El Macizo Colombiano o Estrella Fluvial, donde nacen cuatro ríos medulares de la patria: Magdalena, Cauca, Caquetá y Patía, pertenece al Parque Nacional Natural Puracé y tiene todos los méritos para que la Unesco lo declare Patrimonio Natural de la Humanidad.
La cumbre de nuestra excursión ocurrió el día que subimos de nuevo al páramo a admirar la laguna del gran río. En el punto exacto donde se desprende el río nos abrimos de piernas para que el río, en pañales aún, discurriera bajo nuestras piernas. La laguna ya no tiene la superficie que yo le conocí cuando la visité por primera vez hace unos 15 años. Comprobarlo nos dio tristeza. Subiendo y bajando picos y laderas llegamos hasta otra mítica laguna de la región, la de Cusiyaco, que se acuna entre paredones altísimos de picos totalmente salvajes.
En el centro del valle, en cuyo extremo al pie de las montañas se encuentra La Oyola, se asienta el pueblo de Valencia, unido a Popayán por carretera. Son siete horas.
El río Caquetá, uno de los más largos y caudalosos de Colombia, nace cerca del Magdalena, a menos de 2 kilómetros, loma de por medio.
Es producto de las aguas que corren en un cuenco de breñas paramunas. Las aguas forman una cascada y luego el riachuelo corre por un valle poblado por miles de frailejones. Un vallecito de ensueño, de esos que hablan de paz y felicidad.
Al bajar del macizo unos venados se atravesaron por el camino y una danta pacía tranquilamente a orillas de un arroyuelo. He aquí un rincón de Colombia, donde todo huele a paraíso.
Tomado de la Revista Viajar de la Casa Editorial El Tiempo No. 059, 14 de mayo de 2006

Gostou? Compartilhe:

0 comentários:

CityGlobe